Los molinos de Don Quijote

Mucho no se equivoca quien dice que Don Quijote es hermano de sangre de los molinos. Por culpa quizás de los contenidos que se han ido acumulando en su nombre a lo largo de los siglos, la figura del caballero de La Mancha hoy por hoy es más bien un símbolo del hombre que lucha con brío contra el enemigo invisible, a pesar de que prevea el fracaso y la derrota.
Paralelismo excelente: por una parte, el hombre que reaviva las novelas caballerescas, y que, a fin de cuentas, añora las acciones nobles de los caballeros de antaño; por otra parte, el luchador que se arrostra con los molinos de viento del siglo XXI, o sea, va a lo suyo e intenta no tomarse a pecho lo que está pasando a su alrededor. Es consciente, no está chiflado y, al igual que en Don Quijote, en él tampoco hay más locura que la indispensable para sobrevivir en este mundo.
Hasta aquí está claro todo: Don Quijote ve un enemigo armado en el molino. Aparentemente es una locura lo que hace, sin embargo Sancho Panza se queda con él. Hay pues en su historia algo en que hasta el momento nadie ha reparado –si me equivoco, pues que le digan al que lo hizo, si aun está vivo, que no hay nada nuevo bajo el sol, es más, que el Werther está ya escrito, según lo confirma el título de una obra de teatro de Valentín Petróvich Katáyev, y si no está vivo que sea alabada su memoria. Aun así, yo creo que he inventado la pólvora: Don Quijote y los molinos son hermanos de sangre.
Si uno observa desde cerca un molino de viento –sea uno de los tradicionales o de esos modernos cuyas esbeltas y gigantescas figuras blancas se ven por todas partes hoy en día, las hay miles en los parques eólicos- entonces, ¿qué es en realidad lo que ve? Sus aspas pugnan sin parar, las mueve aquella fuerza invisible a la cual no puede contrarrestar, pero aun así será él quien saldrá airoso, porque al final produce energía de ella. Lo que se ve, pues, es solo lo superficial.
Para el luchador de los molinos de viento de la edad moderna vale lo mismo que para Don Quijote: a largo plazo será él quien saldrá airoso. Don Quijote llegó a ser un símbolo eterno, el héroe cervantino vivirá hasta el fin del mundo –en este caso no importa si en la realidad o la ficción, pues él ya vivió lo suficiente para no importar si era una persona real o si es inventada- y a los Quijotes de nuestra era se los ve parecidos a él: se los considera unos santos locos, pero en el fondo del alma se les alienta: a ver si lo consigue, y si el alentador no fuera cobarde, oportunista o simplemente un filisteo que teme por su trabajo, salud o integridad, entonces tal vez él mismo daría la batalla.
Hasta cierto punto Sísifo, el de la roca rodante -que por cierto fue hijo de Eolo y Enareta- y el Caballero de la Triste Figura se funden en el conocimiento público, tal vez no sin razón, siendo los dos conscientes de lo imposible que es su misión. Pero al igual que el molino que vence la fuerza invisible y hasta produce energía de ella, el trabajo de Don Quijote y sus sucesores tampoco queda sin resultado ninguno. No será un triunfo inmediato y sonado, eso está claro, pero sí algo parecido a la energía sacada del viento que va por debajo de la superficie: su ejemplo será de mayor envergadura y como la corriente eléctrica que va por los cables para mover máquinas y producir luz, moverá a la gente. Contemplados desde este punto de vista la figura de Don Qujote y sus molinos de viento, podemos llegar, parafraseando al poeta húngaro Ady, a la conclusión de que a pesar de ser estrafalaria la lucha, vale la pena, siempre que el hombre siga siendo lo que era: un descendiente noble, valiente y libre de Don Quijote.

Reklámok

Comer bien en Borja

De comidas las hay miles, de buenas y malas también. Se puede comer a la carta, hay menús baratos y más caros, depende de dónde vayamos, pero si uno busca cocina algo diferente a lo habitual, entonces se complica la cosa. Es cierto, las referencias, las propuestas de amigos o colegas pueden ayudar, pero aun así es posible que que no encontremos lo que buscamos. Si uno busca la sorpresa y está dispuesto a comer platos nunca vistos, entonces puedo recomendar que vaya un jueves a Borja y le tocará lo que los alumnos del I.E.S. Juan de Lanuza han preparado. Una veintena de futuros cocineros en Departamento de Hostelería y Turismo del instituto que el pasado jueves 26 de febrero de 2015 trabajaron a partir de las diez de la mañana para servirnos luego los once platos principales y los postres cuyos nombres a primera vista nos resultaron algo chocantes. Veámoslos, pues. Si uno ve en la carta “Coca-cola con hielo bien caliente”, ni de broma piensa comerlo. Pero si cree que es lo cree que es, pues se equivoca. Ese día a los cocineros aprendices les tocó el tema de la cocina de vanguardia, precisamente goodfood de U.S.A. Los nombres de los platos los inventaron ellos, claro, y “Coca-cola con hielo bien caliente” no era nada más y nada menos que sopa de cebolla con un cubito blanco que hacía las veces del hielo y todo esto servido en un vaso de cristal, claro está. No me voy a alargar mucho con contar uno por uno los once platos, quiero sólo dejar muy claro que mientras haya voluntad y fantasía en los cocineros, el futuro del arte culinaria está garantizado. Es cierto, pero los clientes tambien tienen que estar abiertos a lo novedoso.

Lo que se nos ofreció

La pandilla

IMG_4911

Que te sea leve, Jaume

„¡No!, ¡No!,¡No!, ¡No!, ¡No!” – dijo agitando la mano. Su rostro enrojeció y empezó a moverse junto a su silla, como si quisiese bailar al tacto de sus palabras alborotadas. Eso fue en Albarracín, en Mayo, del año no estoy del todo segura, si no me falla memoria en 2006, en un encuentro de editores, al que pude participar gracias a Antón Castro, como editora flamante, con el único título publicado en mi colección, nada menos que, valga la redundancia, „Nada” de Carmen Laforet.
Allí le vi a Jaume Vallcorba por primera vez, allí escuché impresionado por sus palabras fulminantes y aprendí algo importante de él que me acompañará toda la vida. Algo que quizá sospechaba, pero enunciado allí lo escuché por primera vez, de la boca de él, Jaume Vallcorba, que los libros hablan entre ellos en los estantes, hay una comunicación entre ellos.
Recuerdo su voz, mientras contaba cómo ha empezado todo, cómo volaba por toda España a controlar si sus libros están puestos adecuadamente y entonces comprendí que por mucho que quisiera, yo nunca voy a poder ser como él, porque yo, más traductora y escritora entonces, más escritora y traductora que editora, no me voy a poder dedicar del todo a la edición. Porque la edición no acaba en la publicación, al contrario, allí empieza.
Jaume Vallcorba fue para mí (cosa más extraña hablar en pasado de alguien como él) el editor ejemplar, cada vez que hablé sobre el tema, siempre le citaba a él, porque él fue único en su genero, uno de los pocos que no se rindieron ante la bestia masificadora de la edición de libros.
El rojo tiene que ser exactamente ese rojo. El rojo de El Acantilado, así le recuerdo, mientras pronuncia esto con vehemencia y veo ante mí la cara de Jaume, con una sonrisa socarrona, ¡Exactamente ese rojo!
Que te sea leve, Jaume.

¿Cómo nace o se hace un poema?

Nace y se hace, depende del poeta, pero si se trata de un poema traducido, entonces ya es más adecuada la pregunta que si se hace o nace. Pues, yo la contestaría que primero se hace y luego nace, tal vez al contrario que el original quel por algun misterio se escribe de un tirón, tal cual, porque viene ya íntegra de lo interior del poeta y a lo mejor luego se retoca y vuelve a retocar, pero la versión traducida primero se hace con mucha cautela y luego empieza a cobrar vida, es decir va naciendo. Si el traductor tiene suerte y puede trabajar con un o una poeta, independientemente de que él o ella hable el idioma original, entonces puede asistir  al nacimiento de un nuevo poema desde muy cerca, cosa que me pasó a mí cuando mi amiga poeta, Cristina Grisolía primero me anunció “unas cuantas observaciones” luego me retocó la versión corregida y al final nació un poema español a partir de ella. Aquí lo tenéis, gracias a Cristina y a Adán.

 

Imre Wirth

Así atormentado está todo

Y de repente todo se ha roto
aquello que aún a medias rebotaba.
En la línea intermitente de la felicidad
son tantos los recuerdos.

Así atormentado está todo
como si fuera una pasión
y en ella la noche un desierto,
truncada, rota en astillas.

Me lleva, me transporta el habla mala
quien es adulto está perdido
hondo silencio y clamor,
en torno se pudren los lamentos.

Poesía húngara

Poder traducir poesía para mí siempre es un momento excepcional, tiene que llegar inesperado. De repente empieza a recitar una voz un verso o un sintagma de la estrofa se me pasa por la mente, primero fugaz y luego vuelve una y otra vez y no me deja tranquila hasta que no me ponga a verter todo el poema. Eso mismo me pasó con este poema de mi amigo Imre Wirth, estuve con mi libro en la cama y de repente se cayó una hoja con mis letras. Fue el manuscrito del poema que él me había enviado hace meses y lo copié, pero lo tenía completamente olvidada, quiero decir la hoja que guardé en su día en el libro y no el poema, claro. Y, nada, me puse a traducirlo y luego mi amigo y colega, José González, a su vez, se me puso a corregir y aquí lo tenéis.

Imre Wirth

Tan exhausto está todo

Y de repente se ha roto todo
lo que ayer aún botaba a medias.
En la línea intermitente de la felicidad
cuántos los recuerdos.

Tan exhausto está todo
como si fuera una pasión
y la noche un desierto en ella,
truncada, rota en astillas.

Corre conmigo el habla mala,
aquel que es adulto, está perdido,
silencio y clamor absolutos,
pudredumbre de lamentos por doquier.